jueves, 6 de abril de 2017

Nota suelta


Ha regresado mi madre después de una semana. Le abro la puerta, nos saludamos, los dos parecemos extraños. No olvido que soy su hijo. Hablamos poco, hay que volvernos a acostumbrar a sentirnos cerca. La acompaño a su cuarto y marcho a la cocina por un vaso de agua. Veo su rostro seco, me asombra la felicidad que ha perdido. Mientras le ayudo a desempacar las maletas hablamos de su viaje, de lo que ha pasado, nos reímos, de esta forma un solo corazón comienza habitar dos cuerpos. Ella pone a un lado las prendas, los zapatos, el olor de otra ciudad; se desdobla, deja de ser una extraña.
Cada vez que sale trae las maletas llenas de otras cosas, pero de ella cada vez menos.

                                                                                                                               

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