Ha
regresado mi madre después de una semana. Le abro la puerta, nos saludamos, los
dos parecemos extraños. No olvido que soy su hijo. Hablamos poco, hay que
volvernos a acostumbrar a sentirnos cerca. La acompaño a su cuarto y marcho a
la cocina por un vaso de agua. Veo su rostro seco, me asombra la felicidad que
ha perdido. Mientras le ayudo a desempacar las maletas hablamos de su viaje, de
lo que ha pasado, nos reímos, de esta forma un solo corazón comienza habitar
dos cuerpos. Ella pone a un lado las prendas, los zapatos, el olor de otra
ciudad; se desdobla, deja de ser una extraña.
Cada
vez que sale trae las maletas llenas de otras cosas, pero de ella cada vez
menos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Déjanos saber qué opinas del articulo.